By chris-chris92 on Skatehive
*Source Hay libros que una siente como si caminaran a su lado, incluso cuando no se los busca. La Tregua siempre ha tenido ese efecto extraño sobre mí, una especie de presencia silenciosa que se instala sin pedir permiso. Me acerqué esta vez desde un lugar distinto, más consciente de cómo el paso de las décadas no borra del todo las tensiones que se mueven en el interior de las personas. Martín Santomé vive en un mundo que ya no existe, pero su cansancio sigue resonando en esta época que presume modernidad aunque se repiten viejas dudas bajo otras formas. Me sorprendió encontrar esa mezcla de resignación y lucidez envuelta en un tono seco que no intenta agradar. Sentí que su mundo, aun con su distancia histórica, retenía un pulso reconocible. Mientras avanzaba, comprendí que la rutina de Santomé no es solo un telón de fondo, sino una especie de refugio que él mismo ha construido para no enfrentarse a lo que considera definitivo. Me interesó cómo su percepción de la vida se sostiene sob