By franvenezuela on Skatehive
El sueño era siempre el mismo. La risa apagada de Gómez, después un estampido breve y, al final, el silencio. Un silencio que se le adhería al pecho como una segunda piel. Varela despertó bruscamente, con la respiración entrecortada. La sábana húmeda se enredaba en sus piernas. No necesitaba mirar alrededor para saber que los ojos de Gómez estaban allí, ocultos en cada rincón de la penumbra. Aquella mirada cargada de lástima infinita lo corroía más que cualquier acusación. Veinte años después, aún sentía en el paladar la mezcla insoportable de gasolina barata y sal marina: el sabor del miedo petrificado. El timbre del teléfono irrumpió como un salvavidas. Varela se inclinó hacia la mesilla, encendió la lámpara y levantó el auricular con voz rota. —¿Diga? —Inspector —era Rivas, su joven subalterno—. Cuerpo en playa El Agua. El portero lo encontró. Hay… detalles raros. Dicen que le han puesto maquillaje. Varela no respondió de inmediato. El silencio se volvió incómodo. Colgó sin despedir