By lupetorres on Skatehive
Mientras escribo este relato, a través del cristal, veo al director hacerme la señal con los dedos: cinco, cuatro, tres... Mi corazón que late a destiempo, decide acelerarse justo cuando debería estar más calmado, cuando se supone que ya no deben existir nervios. Dos, uno. La luz roja se enciende y ya estamos al aire. Y ahí en ese preciso instante dejo de ser yo para convertirme en locutora. Mi voz la que minutos atrás no era tan parecida a la de ahora, sale cálida, aterciopelada, proyectando una seguridad que no siento mía, donde un pulso rítmico me dice que la presión arterial no sabe de protocolos de comunicación. En ese momento es cuando recuerdo que lo que hago me apasiona, que no en vano escogí este camino lleno de dudas e incertidumbre pero fascinante al ir descubriendo sus maravillas y se siente como una curita reconfortante para el alma cuando no podemos con todo. La locución no es un sendero fácil de transitar. Lo sé, porque a diario convivo con esto que se llama estrés no po