By neuropoeta on Skatehive
Llevo cerca de 24 horas sin corriente eléctrica por un apagón total en Cuba, donde el silencio de repente pesa más que el ruido de la ciudad. No es la primera vez, pero cada vez me enfrento a lo mismo: la incertidumbre, la incomodidad, esa sensación de que todo se detiene sin aviso. Este fin de semana no tuve que ir a trabajar y, en lugar de dejarme atrapar por la frustración de no tener ventilador, ni nevera, ni poder cargar el teléfono con tranquilidad, decidí hacer algo distinto. Me quedé en casa y me acompañó una lámpara portátil, de esas que parecen un faro pequeño en medio de la sala, y con ella he ido rescatando horas que normalmente dejaría escapar entre el estrés de la semana o la distracción infinita del celular. Aproveché para ordenar cajones y releí algunas páginas de un libro que tenía pendiente. Entonces, cuando la noche aún era joven, decidí empezar uno de esos proyectos que siempre aplazaba porque no hay tiempo o no es el momento. Saqué mis ovillos, mi aguja azul de cro