By neuropoeta on Skatehive
Este espacio dominical que he llamado “Milagros de domingo” nació de un susurro del alma hace ya varios meses, un domingo cualquiera cuando sentí la necesidad urgente de detener la carrera de los días y nombrar lo innombrable, nombrar esa belleza frágil y persistente que se esconde en lo cotidiano. Así, casi sin darme cuenta, empecé a escribir y a buscar, junto a ustedes, el destello de lo extraordinario en lo común. Hoy, mientras preparo este café y miro por la ventana, siento que el ciclo se cierra y no con tristeza, sino con una gratitud profunda y serena. Este será el último “Milagros de domingo” y quiero que sea, sobre todo, un inmenso “gracias”. El milagro más grande de todos estos meses no ha sido uno solo, sino una constelación, y han sido ustedes. Su compañía silenciosa y sus comentarios cálidos los han convertido a ustedes en los verdaderos cazadores de milagros. Cada domingo, al sentarme a escribir, ya no estaba sola, pues sentía la complicidad de un grupo de amigos disperso