By neuropoeta on Skatehive
Ayer salí a caminar por las calles céntricas de mi querido Camagüey. Era una tarde tranquila, de esas en las que el sol se cuela entre las columnas de los antiguos balcones y la ciudad parece suspirar al ritmo de sus adoquines. Iba con la intención de despejar la mente, de conectar conmigo misma y con el entorno que tantas veces me ha regalado postales hermosas, pero empecé a notar algo que me sacaba de ese estado de paz: los basureros. Aparecían en cada esquina, desbordados, algunos con bolsas rotas, otros con olores que invitaban a apresurar el paso. Y mi pensamiento, casi automático, fue: “¡Qué lindo sería que todos estos basureros desaparecieran!” Me quedé un rato atrapada en esa idea y empecé a contar los contenedores, a fijarme en los residuos esparcidos, a sentir cierta impotencia. ¿Por qué tienen que estar aquí? ¿Por qué no podemos tener un centro histórico impecable, digno de las postales que tanto presumimos? Y en ese murmullo mental de queja, algo en mí se detuvo y me reí pa