By neuropoeta on Skatehive
No sé ustedes, pero yo he tenido que aprender por las malas a distinguir a las personas que suman de las que solo ocupan espacio y qué mejor metáfora que esas flores de plástico y tela que compramos para alegrar un rincón. Sí que son bonitas a simple vista y no se marchitan, no pierden el color, pero uno prueba a tocarlas y resulta que son frías, vacías y no huelen a nada. Me he topado con varias de esas flores artificiales en mi vida en la forma de personas que llegaron con una sonrisa de catálogo, que decían justo lo que querías oír y que parecían interesarse por ti con una intensidad sospechosa. Al principio te deslumbraban, incluso te hacían sentir especial, como elegida, pero con el tiempo empezabas a notar que todo era superficial. Resulta que cuando dejas de ser útil, cuando necesitas apoyo de verdad, descubres que no hay savia, no hay raíces y solo un esqueleto de alambre forrado de buenas intenciones falsas. La última vez que viví una experiencia así, salí adolorida y me pregu